Estudiante de Psicopedagogia

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EL BENEFICIO DE PINTAR


Beneficios de pintar mándalas en niños, niñas o adolescentes 






Qué beneficios tiene el hecho de pintar mandalas a nivel cognitivo, emocional y comportamental. Primero explicaremos qué es un mandala y de dónde provienen, porque si bien es cierto que muchos de vosotros ya los habréis visto y trabajado con ellos, quiero contextualizar el tema y proporcionar unos algunos datos para ampliar nuestro conocimiento sobre ellos.




La palabra mandala, de origen sánscrito, una lengua clásica de la Índia, significa círculo perfecto. Los mandalas son  representaciones simbólicas espirituales y rituales utilizadas en el budismo y el hinduismo. Un mandala está constituido por un conjunto de figuras y formas geométricas concéntricas que representa las características más importantes del universo y de sus contenidos. Su principal objetivo es fomentar la concentración de la energía en un solo punto durante la meditación.
Como ya podemos intuir, el principal beneficio que destacaremos sobre nuestros hijos cuando pintan mandalas va a ser que fomentan la atención y la concentración, pero sus beneficios van más allá. Veámoslos.
10 beneficios de pintar mandalas.
  1. 1.- Fomentan la atención y la concentración.
  1. 2.- Favorecen el desarrollo de la psicomotricidad fina de manos y dedos.
  1. 3.- Promueven el bienestar interior del niño, al centrarse en una actividad placentera como es el hecho de pintar.
  1. 4.- Favorecen su creatividad e imaginación.
  1. 5.- Reducen el estrés y la ansiedad.
  1. 6.- Ayudan a desarrollar la paciencia, el tesón, la perseverancia y la constancia.
  1. 7.- Permiten que trabajemos conceptos geométricos: círculos, triángulos, cuadrados, estrellas, …
  1. 8.- Posibilitan que introduzcamos nuevo vocabulario, de colores, formas, tamaños o emociones.
  1. 9.- Propician el aumento de la autoestima, al permitir que el niño cree algo propio y único.
  1. 10.- Estimulan su sentido estético.



En resumen, pintar mándalas proporciona enormes beneficios a nuestros hijos siendo un excelente ejercicio de estimulación cognitiva, lo que los convierte en un elemento muy importante a tener en cuenta no solo en las aulas sino también en casa.
En la red podemos encontrar cientos de mándalas para imprimir y colorear o bien podemos comprar algún cuaderno o libro de mándalas.

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http://www.cultivarsalud.com/coaching-y-crecimiento-personal/pintar-mandalas-como-tecnica-de-relajacion/

LA ACTITUD DE LOS PADRES O TUTORES EN LA CRIANZA


Es fundamental la actitud positiva, en el desarrollo de los niños o niñas





Si usted los critica, ellos y ellas aprenderán a sentirse inútiles y a ser agresivos(as) con los demás.
Si les elogian y estimulan, aprenderán que pueden hacer las cosas que se propongan.
Si les atemorizan, aprenderán a tener miedo y a creer que los demás les harán daño.
Si ustedes se enojan y se pelean delante de ellos y ellas, aprenderán a pelearse. Si presencian estas escenas, también deberían verlos cuando ustedes se reconcilien.
Si ustedes les protegen y les ayudan a sentirse seguros(as), ellos y ellas aprenderán a confiar en sí mismos y en las personas que los rodean.
Si ustedes les hacen comprender que los aceptan y quieren, aprenderán a querer a los demás.








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¿COMO PREGUNTAR A LOS NIÑOS O NIÑAS?


 Como lograr una conversacion asertiva, sin que se sientan abordados




Algunos padres se angustian porque sienten que sus hijos(as) no les transmiten toda la información sobre lo que sienten o piensan, o también pueden creer que ellos no saben cómo abordarlos. Especialmente complejo es cuando se trata de temas que podrían relacionarse con emociones dolorosas o (mal llamadas) negativas, como frustración, rabia o tristeza. Surgen dudas, ¿le pregunto directamente o espero a que me cuente?
Las experiencias relacionadas con el ámbito educacional son muchas veces una prioridad. Los relatos de educadoras de sala cuna y jardines infantiles, como también de profesores, son recibidos con entusiasmo e interés, pero también con preocupación si es que existe algún tema que necesite ser abordado de manera especial. Y una sugerencia muy frecuente es: conversen con sus hijos(as).
Las preguntas que construyen ladrillos y abren puertas, son realizadas en un idioma simple y surgen al ponerse en el lugar de ellos Las expectativas que se generan hacia los niños y niñas son amplias y exigentes, principalmente relacionadas con el adecuado desarrollo de capacidades como la atención y concentración desde los primeros años de la Educación Básica, que permitan un rápido aprendizaje de lectura y escritura, por ejemplo. El camino propuesto por el sistema educativo formal en general se encuentra prediseñado y carece de sorpresas; la meta es avanzar de etapa en etapa, manteniendo un buen rendimiento. Podemos comprender entonces que la preocupación de los padres muchas veces esté puesta en este recorrido trazado por el modelo educativo, y que sus preguntas se enfoquen  en el desempeño y el comportamiento en clases: “¿Cómo te fue hoy?, ¿Cómo te portaste?”.
Sin embargo, los estudios en Desarrollo Infantil y Educación, son contundentes en señalar que la educación emocional no puede ser separada del desarrollo cognitivo, y por lo tanto también son fundamentales las habilidades que se expresan a través de un lenguaje rico en afectos, creatividad, sensaciones corporales, intuición, imágenes y símbolos.





La educación emocional es importante porque entrega a los niños y niñas un piso que permitirá tolerar las dificultades, desarrollar una autoestima firme, enfrentar situaciones estresantes, formar vínculos sanos y nutritivos con las personas con quienes se relacionen. Estas habilidades no solo permiten un adecuado progreso por el recorrido educativo, si no que apuntalan además otros ámbitos importantes en la vida, como el desarrollo social, el desarrollo afectivo y un fuerte sentido de sí mismo, entre otros.
Algunas preguntas que surgen a continuación son ¿Cuál es la puerta de entrada a estas experiencias de los niños y niñas que hablan en un lenguaje distinto al de la razón y la lógica adulta? ¿Cómo fomentar el adecuado desarrollo de esta parte del mundo infantil?
Este acceso se construye junto a los niños(as), en la relación de afecto mamá/papá-hijo o adulto/niño(a), a través de conversaciones que les permitan expresar sus sentimientos, y dar forma a sus emociones, como si se construyera un puente que se dirige ladrillo a ladrillo hacia el interior del mundo íntimo de un niño(a).
Frente a situaciones conflictivas, en ocasiones los padres  realizan preguntas excesivamente complejas para la edad de sus hijos, buscando razones y argumentos, por ejemplo “¿Por qué hiciste eso?, ¿por qué le pegaste?, ¿por qué te enojaste?”. Estas preguntas vienen desde la lógica adulta construida por el modelo educacional formal adquirido a través de los años, y están formuladas en un idioma que los niños y las niñas todavía no manejan.
Quizás las preguntas que ayudan a construir puentes hacia la experiencia de los niños(as) se generan desde la curiosidad y la motivación por conocer, y expresan interés y confianza. No necesitan controlar, aprobar o evaluar comportamientos u opiniones. Encontrar estas preguntas es desafiante, porque implica detenerse y conectarse con el lenguaje emocional propio que conecta a su vez con el de los niños(as). Las preguntas que construyen ladrillos y abren puertas en el mundo infantil, son realizadas en un idioma simple y surgen al ponerse en el lugar de ellos: “¿Qué sentiste?, ¿tuviste miedo?, ¿sentiste rabia?”. Buscan obtener respuestas largas y con significado, por ejemplo, “¿Qué fue lo más entretenido que hiciste hoy?, ¿Qué fue lo más aburrido de hoy?, ¿Pasó algo que no te gustó o que te hizo enojar?, ¿Quién estaba ahí?, ¿A qué jugaste en el recreo?, ¿Con quién?, ¿En qué momento te sentiste más contento?”.






La invitación es disminuir el ritmo rápido y eficiente propio del mundo adulto y cambiar de posición, dejar el lugar de padre experto que lleva de la mano a su hijo mostrándole el recorrido correcto, para ir junto a él, encontrando las preguntas que cimienten la construcción de un camino que lleva hacia su interior y lo enriquece, integrando sus distintas dimensiones.

LA RABIA


 El rol de la rabia cuando nos desarrollamos

 

Pensar la rabia generalmente es terreno complicado, pues es una emoción  culturalmente temida y rechazada, que se nos ha enseñado históricamente a reprimir, negar y esconder. Es esa emoción que se desearía mantener en el rincón oscuro de la casa, ese al que no es grato acercarse  y que sería deseable mantener en la oscuridad en pos de alcanzar un desarrollo social y cultural “adecuado”. Sin embargo, no por mucho esconder, algo dejará de existir; más bien sabemos que estará mucho más presente: he ahí el objetivo de esta columna: intentar iluminar esa parte oscura de la casa, pues la rabia no sólo existe y nos constituye sino que juega un rol muy importante en el desarrollo y en se sentido es importante integrarla.

La rabia emoción natural y válida / La agresión como expresión dañina y desadaptativa
Para comenzar, es relevante considerar que la rabia es una emoción que se manifiesta de forma independiente de la cultura o sociedad en la que se sitúe a la persona; tiene una expresión facial universal, lo que nos permite reconocerla en cualquier sujeto independientemente de la mediación del lenguaje y  aparece en el niño/a espontáneamente desde edades muy tempranas. Es en este sentido, no es aprendida sino innata y por lo tanto, es considerada una emoción básica del ser humano. Siguiendo esta lógica, cabe preguntarse: ¿si la rabia es  un aspecto emocional básico presente en nuestra constitución, por qué se le ha posicionado culturalmente como una emoción negativa que deber ser reprimida o rechazada en el desarrollo de niños y niñas? Al parecer, la respuesta residiría en la asociación de la rabia a una expresión necesariamente agresiva y que por lo tanto implicaría siempre un daño físico o emocional a otra persona o a quién la experimenta; sin embargo la rabia no es lo mismo que agresión y por lo tanto no siempre sentir rabia estaría asociado a un acto agresivo o dañino.  En este sentido, el distinguir rabia de agresión (entendiendo a esta última solo como una de la amplia gama de alternativas de expresión al momento de sentir rabia), nos permite comprender que si bien de la rabia no podemos “escapar” pues es parte de nuestra constitución y porque sabemos que inevitable no sentir rabia frente a una frustración o conflicto, si es evitable responder agresivamente. La rabia es una respuesta natural, que solo se vuelve dañina cuando se expresa agresivamente generando un daño a uno mismo o a otros; en este sentido, no es la emoción de rabia la que se debería reprimir o censurar sino más bien la agresividad como forma de expresión de esa rabia: un  abordaje adecuado ante la rabia implicaría reconocer su valor y orientarla de una manera que no dañe al niño/a, o a otros. Pensando en esto, en el momento en que por ejemplo le decimos a un niño o niña: “no debes pegarle  a tu compañero (amigo/a, hermano/a) porque le duele”, deberíamos necesariamente incluir una alternativa constructiva que permita al niño expresar su rabia sin hacer daño. Si solo decimos “eso no se hace” el niño/a se queda sin formas de expresar eso que siente.




 
La rabia en el desarrollo  y el abordaje de las conductas agresivas
La mirada del desarrollo en este tema, implica una visión histórica del niño/a que debería reconocer la rabia como una emoción “natural y válida” y que permitiría considerar que en las primeras etapas del desarrollo de niños y niñas, la expresión de estas emociones generalmente se expresa a través del cuerpo (con un golpe, inquietud, agitación, excesivo movimiento, mordedura, etc.),  solo con el pasar del tiempo, y en la medida que los adultos lo facilitemos, la palabra podrá sustituir al actode golpear, morder, rasguñar, moverse, entre otros. Es decir, solo en una etapa posterior, con ayuda de los adultos, en vez de un golpe o una mordedura, un niño/a podrá decir: “tengo rabia… pena…no me gusta, etc.” aproximándose hacia una expresión más sana de esa emoción.
Es importante transmitir que en el desarrollo, es positivo e incluso deseable que niños y niñas puedan expresar su rabia, malestar, disentimiento y/o enojo, pues esto implica constituirse como un sujeto con una voluntad, deseos y necesidades propias. Que el adulto pueda reconocer esto permite la evolución psicológica y emocional. En este sentido, estos primeros enojos, rabias y frustraciones que el niño/a experimenta,  son ensayos de esa capacidad que en el futuro le permitirá ser independiente, poner límites, decidir por sí mismo, y autorregular su vida.
Ahora bien, la forma en que los niños y niñas comienzan a expresar la rabia resulta un gran desafío para los adultos porque muchas veces lo hacen de manera intensa y apasionada (con llanto, golpes o mordeduras). Incluso a veces los adultos agravamos la situación perdiendo el control, gritando y amenazando. En este sentido, es importante tener presente que niños y niñas necesitan:
  • Padres y educadores calmados y dispuesto a ofrecer la calma que él niño/a ha perdido y les muestren con el ejemplo cómo se expresan respetuosamente las molestias y las diferencias.
  • Adultos que comprendan lo que les sucede,  nombren las emociones y que los acompañen. Por ejemplo, expresar que se entiende el motivo de su rabia, pena etc.: “parece que te molestó que te dijera que ya no puedes seguir jugando y eso te hizo enojar”, de esta forma, se reconoce que algo le está ocurriendo y el niño/a se sentirá comprendido y acompañado, luego de eso es posible enseñarle, de a poco, respetando el ritmo propio, una forma distinta para expresar lo que siente.
  • Padres y educadores que  reconozcan y favorezcan las acciones qué contribuyen a el niño/a se calme en un marco de respeto.
  • Dejarlos solos, en “tiempo fuera”,  con esa intensidad emocional, no ayuda, pues estas emociones quedan “en el aire”, sin contener, sin tener un sentido, sin comprensión, lo cual incluso puede favorecer expresiones agresivas de la rabia.
  • Adultos disponibles para conversar cuando niños y niñas se han calmado. Es importante, expresarles que se comprende que sienta rabia, pena, frustración, etc. pero mostrar  alternativas para expresar lo que siente sin dañar a otros ni a sí mismo/a. Por ejemplo: golpear con fuerza un cojín o peluche, rayar con fuerza una hoja o incluso gritar sería menos dañino que morder.
Reconocer la rabia como una emoción valiosa en el desarrollo, contribuya  a reconocer a niños y niñas como sujetos en su complejidad y completud, como otros válidos y semejantes.





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NO ES MAÑA



 No es maña, son solo niños o niñas.

 


Muchas veces escuchamos a padres y madres preocupados y angustiados decirnos sobre sus hijos “Está tan mañoso… no sé qué hacer” … En general, me he dado cuenta que conversando con papás y mamás sobre sus dudas, hemos ido entendiendo que los adultos hablamos de mañas para referirnos a situaciones donde niños y niñas expresan su malestar, molestia, incomodidad, rabia o tristeza y los adultos no entendemos por qué reaccionan así , por qué no nos logran explicar de otra manera lo que les pasa o despreciamos las razones que ellos y ellas nos dan para sentirse así.
 En definitiva, nos frustramos, confundimos, angustiamos y no sólo no logramos ayudar a que se sientan mejor, sino que podemos intensificar su malestar. El niño(a) tenía un problema y termina teniendo 3:
 1) lo que le pasa
 2) que el papá o la mamá no lo(a) entienden 
 3) que el papá o la mamá ahora está enojado(a) por “su culpa”. 

El desconcierto y angustia que podemos sentir cuando nos vemos enfrentados a un niño o niña que lo está pasando mal, es una sana y natural reacción, pues nos puede movilizar a ayudarlos. Sin embargo, muchas veces la angustia y la desesperación se cruzan con otros aspectos:
Podemos estar apurados, sobrecargados de tareas y preocupaciones, emocionalmente vulnerables, no disponer de modelos seguros para tranquilizar a los niños y entonces nos sentimos incapaces de tolerar el estrés y queremos que niños y niñas respondan rápido a nuestras instrucciones, nos enfocamos en lo que nosotros necesitamos y dejamos de escuchar. Desde esta posición, esperamos que los niños “cooperen”, se expresen mejor, sean más autónomos y manejen mejor sus emociones. A veces incluso los adultos pensamos que los niños y niñas reaccionan así sólo para molestarnos. En este contexto, se nos olvida, que quien está frente a nosotros es un NIÑO o NIÑA, que probablemente si pudiera regular mejor sus emociones y expresarse “adecuadamente” lo haría y se ahorraría varios retos y malos ratos. 






 Es curioso, porque cada uno de nosotros como adultos sabemos que cuando estamos pasando un mal momento, estamos molestos, angustiadas o tristes, nosotros, más que nadie, queremos sentirnos mejor, el problema es que no podemos hacerlo y necesitamos comprensión, calma y ayuda de otros para lograrlo. De esta manera, si los adultos necesitamos ayuda, con mayor razón los niños y niñas, necesitan que los ayudemos a recobrar la calma, la seguridad, la confianza y a entender qué les pasa.
Para acompañar a niños y niñas en sus dificultades, y ayudarlos a crecer, desarrollarse, aprender y desplegar todas sus habilidades, es importante que los adultos podamos:
1. Escuchar lo que nos dicen sin descalificar o minimizar. Por ejemplo, podemos partir preguntando ¿pasó algo?, en vez de retarlos suponiendo lo que ha pasado, pero sin saberlo realmente.
2. Mirar la situación de una perspectiva más amplia para ayudarlos a entender qué les pasa. Por ejemplo:
“Anoche dormiste poco ¿tienes sueño?”
“¿Estás enojado porque no te estoy prestando atención?”
“¿Te dio susto este lugar?”
“¿Te dio rabia que el dibujo no te resultara?”
“Hemos caminado mucho ¿estás cansada?”
3. Reconocer y utilizar formas de acercarnos y acompañarlos que efectivamente les ayudan a calmarse. A veces los adultos insistimos en abordar la situación de una forma que sabemos que sólo intensifica el malestar. Por ejemplo:
“¿Quieres que te abrace?”
“¿Quieres que te acompañe?”
4. Usar la empatía para que se sientan entendidos(as). Por ejemplo
“Cuando tengo sueño yo también me pongo enojona”
“A mí también me dan susto algunas cosas”
“A mí tampoco me gusta que las cosas no me resulten”
5. Ser claros en lo que queremos enseñar. Por ejemplo:
“Cuando estés enojado, me puedes decir “no me gusta”, “me da rabia”, pero no me puedes pegar…me duele y me hace sentir mal”.
“Cuando estés cansada me puedes decir mamá tómame en brazos, pero no te tires al suelo a gritar… te puedes hacer daño y los gritos no me dejan entender y molestan a las personas”.
6. Seamos respetuosos y demos el ejemplo… no les pidamos a niño(a)s cosas que nosotros no hacemos. Por ejemplo:
“No me grites” (gritando)
“No me pegues” (pegando una palmada)
7. Reconozcamos nuestros errores, para que los niños y niñas también puedan aprender, a hacerlo. Para esto es fundamental disculparnos cuando nos hemos equivocado.
Algunas reflexiones como estas se encuentran en el video “NO ES MAÑA”





 Reflexionemos y recordemos nuestra infancia para asi empatizar con nuestros niños, niñas y adolescentes. Enseñemos a reconocer emociones, aceptarlas y apoyar.